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Cartas

A JA Spotorno 7 feb 1935

A Juan Antonio Spotorno

Buenos Aires 7 Febrero de 19351

Temas: Sermón de la Montaña, Bienaventuranzas, Inmaculada descalza sobre la roca.

Cher Juan Antº:

Pocas noticias, y tristes. Non valeo, hélas!2. Algo ocurre en los astros; al día siguiente de instalarme en esta casa, el señor aquél que me había prestado la máquina mandó por ella. Le expresé mi justísimo agradecimiento; pero aún no caigo del asombro. ¿Incompatibilidad del hogar con las letras? ¿Y por qué pedirme de vuelta esa máquina exactamente en este momento? ¿No pudo ser antes? Ya tengo la biblioteca en orden, y todo el trajín de la mudanza está terminado. Pero estoy ‘aplanado’, muerto y deshecho de tristeza.

Volviendo la hoja: El sermón de la montaña, en S. Mateo: El Señor sube a la montaña y los discípulos (el que sea esforzado que suba, y si sube oirá) y habla sentado. El Sermón de la montaña en S. Lucas: el Señor baja de la montaña y predica de pie (no sentado), en la llanura (no sobre la montaña), y mucha gente lo oye. En S. Mateo están las siete bienaventuranzas con su octava, es decir, su retribución en esta vida bajo especies de desprecio y persecución. En S. Lucas hay tres bienaventuranzas: pobres (y no dice que sean de espíritu); afligidos y hambrientos (no dice que tengan también sed, ni que sea hambre y sed de justicia). Bref3, la condición llana de esta vida: pobreza, aflicción, necesidad…

¿Qué misterio hay en todo esto? Porque las Bienaventuranzas espirituales, las perfecciones, parece que estuvieran en S. Mateo; parecen cosa de contemplativos, cosa del monte de la perfección, comunicada y recibidas ‘sedentes’4. Las otras bienaventuranzas parece que son cosa de los que se salvarán así como Dimas, malgré tout5, y a quienes el Señor les da ese zarandeo de la pobreza, de la aflicción temporal, de las necesidades a secas, de la deshonra y desprecio sin mayor perfección, casi como condición natura, para que peleen y se arreglen como puedan con eso, hasta que algún día se mueran como puedan, llenos de miseria, pero con un miserable deseo de santidad en medio de sus pecados… En fin, no digo nada, no entiendo nada: todo lo que antecede va como pregunta. Lea, compare, ore, vea y dígame algo de este misterio.

Inmaculada Concepción: Las imágenes

1 Publiada en la revista Gladius Nº 40 (1997) p. 116-117

2 Non valeo, en latín: no me encuentro bien de salud. Dimas parece extenderlo a las contrariedades que relata. Las cursivas no son de Dimas, sino redaccionales para resaltar términos ajenos al español. Dimas estaba familiarizado con el latín y dominaba el francés, lengua en la que escribió su poemario Mon Brésil.

3 En pocas palabras

4 Sentados

5 A pesar de todo


Carta al Padre Mauro Sáenz OSB

Ante la muerte próxima

(Fragmento)

Montevideo, 10 de octubre de 1964

Rev. P. Pablo Mauro Sáenz, OSB

Monasterio de Cristo Rey, Siambón

Muy Rev. Padre y querido ahijado y amigo:

No sabe Ud. qué consuelo me trajo su carta del 22 de septiembre ppdo., recibida el día de San Miguel Arcángel […]

En cuanto a mi situación actual, aquí me tiene, siempre sin salir de casa, pero un poco alarmado con mi enfermedad que mejora peligrosamente. En realidad, mi problema es éste, he cumplido setenta años, y “ya he vivido”.

Por una gracia inexplicable (¿quién puede decirle a Dios ¿qué haces?), he vivido siempre en la fe, pero mi vida ha sido infeliz y mediocre (si no despreciable) porque viviendo en la fe no he sabido, y no sé, vivir de la fe. Entretanto, sólo me falta este gran bien de la muerte que me pareció tan cercano hace poco, y no llegó.

Por eso necesito mucho ahora y pido al Señor que no me arroje de su rostro y me conserve como estoy, desligado de todo trato, a fin de que pueda prepararme a ‘mi’ muerte (a lo que la muerte puede ser para mí) en unión con mi patrón Dimas. Pues si la muerte no es morirse solamente (aunque también es eso) sino, y principalmente, un acto del que muere, un acto personal, voluntario, un admirable momento en que le es pedido por última vez a cada criatura, un ‘sí’ o un ‘no’; una última oportunidad (pero decisiva esta vez) para la blasfemia o la invocación… Y si morir en la fe, por malo que uno haya sido, es también un acto de fe – un acto de simple y filial obediencia (y penitencia), ¿cómo no pedir a Dios, a mis años, que me aparte de todo y me deje en esta soledad que necesito para implorar misericordia?

Christo confixus sum cruci(Estoy clavado a la cruz junto con Cristo [Gálatas 2,19]): Ay, mi querido ahijado, nunca sabremos qué inmenso es este misterio de la Iglesia, qué grande es esta verdadera casa de Dios ya que es posible en ella que haya criaturas que puedan decir esa palabra del Apóstol como la dijo él, por identificación mística, y las haya también que puedan decirla, y en toda verdad, como la dijo mi patrón San Dimas (clavado también él en la cruz juntamente con el Señor) pero por simple diálogo de cruz a cruz, por simple reconocimiento de los propios pecados y por pura imploración de la infinita misericordia.

Y así, pues, en esto estoy, dando gracias a Dios de cuanto ha sucedido, y suplicándole en el “memento mei, Domine”(¡Acuérdate de mí Señor! [Lucas23, 42]) de mi santo patrón, que no permite que circunstancias exteriores me devuelvan al ambiente de disipación y miseria en que he vivido más o menos siempre.

¡Ud. me invita a Siambón! (Monasterio Benedictino en Tucumán donde es monje su ahijado) Ud. Me dice “que sería un bien grandísimo para mi salud un tiempo de silencio y paz completos”! No necesito otra cosa, no pido sino eso, y no es sino eso – ese misterio regalado del Espíritu de Dios – lo que el Señor me ha dado desde el día en que se produjo ese dichosísimo “espasmo” (Un accidente vascular cerebral).

Del santo Patriarca dice S. Gregorio que vivía consigo mismo: secum vivebat. Y no era ciertamente a la manera de los filósofos, contemplando su “yo”, sino en ese sí mismo que recibe la divina contemplación porque el yo ya es ajeno a todo y se ha dado todo al Señor. Ruegue, pues, por mí. No puedo decirle otra cosa. Le he abierto mi alma; le escribo como sólo puedo escribirle a su padre (que lo ha sido también mío, y de muchas maneras, aunque él tiene la misma edad que yo) y perdóneme esta carta, tan larga, tan poco epistolar – pero a Ud. yo no podría escribirle de otra manera. Yo también le envío un abrazo grandísimo, aunque con la vergüenza de ser su tan indigno padrino. In Xto. Dimas.


Carta a su hermano Pedro Antuña Gadea

Montevideo 3 octubre 1963

Querido Pedro,

Hace días que deseo escribirte después de los momentos de inquietud y verdadero sufrimiento que hemos pasado con tu operación1, y la verdad es que se me hace muy difícil. Cuando uno siente demasiado alguna cosa alguna cosa no es fácil encontrar palabras que digan con sencillez y limpieza, tal como la sentimos y nos hace sufrir. Bueno, la noticia de tu operación nos cayó aquí de pronto, pues no sabíamos que estabas enfermo.

Lo primero fue constatar lo de siempre: que no podemos hacer nada y que yo estoy atado a una situación mortificante y que me impide moverme2. Felizmente tenemos a la Nena, esta bendita Nena María del Carmen3 que tanto nos acompaña y nos ayuda moralmente a todos y en todos los momentos. Salió, pues, para ahí y eso nos parecía un poco que el viaje era nuestro: el viaje que hubiéramos hecho si yo hubiera estado libre. Por ella hemos tenido ahora noticias detalladas, y no sólo de la oportunidad a tiempo, realmente impostergable, en que se hicieron las cosas, sino también de la atención y el cariño de todos los que te rodean, de Nieves4, de Alejandro5, de la Negrita6, de Mario7, de Carlitos Algorta8

Dios sabe que no es poco, y no es corriente (lo vemos cada día) que la gente que nos rodea esté realmente a nuestro lado en los momentos difíciles. Yo pienso continuamente en la pobre Elisa9, en la soledad de esa pobre vieja de ochenta años, casi ciega, que sea como sea (y aún a través de errores y disparates) vivió después de todo para sus hijos, y que está abandonada de todos en una especie de monólogo mental de su propio desastre. ¡Y cuántos casos semejantes vemos cada día! Nosotros hemos sido muy privilegiados, unos príncipes, sin saberlo; sólo que ahora los años y la experiencia nos descubren la realidad de tantas cosas, hallamos que hemos tenido realmente una familia; que papá no fue un mal padre, que mamá fue realmente una madre (¡y de qué valor!)10, que Mamá-Tubá11 no fue una vieja ridícula, que Máxima12 fue un perro fiel de la casa, y de una raza única, extinguida por completo. Todos tuvieron sus defectos ¿quién no los tiene? Pero todos estuvieron ‘en su lugar’ y buscaron verdaderamente nuestro bien y, por eso, por esa abnegación, tú y yo, y Mario y María del Carmen somos felizmente lo que somos, y tú y Mario han podido tener una familia con hijos que son un orgullo y de quienes no tienen de qué avergonzarse13. Esto parece ‘natural’ y debiera ser lo normal, lo corriente, y no lo es. En realidad, actualmente, es una excepción, y más, una gracia de Dios.

Claro que la vida de cada día está llena de cosas menudas, fastidiosas, cargantes, mezquinas… ¡Ufa con la familia!, como decía el otro levantando los brazos al cielo. Pero cuando hay algo detrás nuestro (y aquí una creencia, un ambiente, una formación) todo eso de todos los días que suele ser tan agotador, desaparece y sale, de adentro, como por un resorte, la verdad de esa realidad interior (y anterior) que nos sostiene – porque nos ha formado. Sale el cariño sin palabras y la presencia, la asistencia, el cuidado unánime de todos, en esos momentos en que nos vemos por dentro (y lo estamos realmente) solos y desvalidos. Porque hay momentos en que todo lo que ‘tenemos’ desaparece (salud, situación, recursos) y no nos queda más que lo que ‘somos’. Lo que somos y lo que hemos sido.

Yo he pensado dolorosamente todos estos días y te imaginas la alegría que me han dado las noticias que nos trajo María del Carmen14. Queca y yo (tú sabes cómo te quiere Queca y qué modo de ser tiene) hemos estado pendientes de tu situación y haciéndonos preguntas continuamente. No porque te faltaran cuidados, pues bien sabíamos que los tenías, sino por todas esas otras cosas que duelen más si nos faltan y nos son realmente necesarias. ¡Hay tan poca gente agradecida en este mundo! ¡Hay tan poca gente que tenga ‘memoria’!...

En medio de nuestra aflicción nos decíamos con Queca: ¿Se darán cuenta de lo que es Pedro? ¿Se acordarán de lo que Pedro ha sido para todos nosotros? ¿De lo que fue para papá cuando nosotros no podíamos hacer nada o casi nada por él? ¿De lo que fue para cada uno de los hermanos en tantos momentos difíciles? Felizmente María del Carmen nos trajo las mejores noticias de todos.

Bueno, hemos pasado el mal paso. Ahora habrá que tomar con paciencia las privaciones de la recuperación, en la comida, en los quehaceres, en el descanso, pues a nuestra edad el organismo trabaja despacio, muy despacio, y los tejidos tardan en adquirir firmeza.

Yo siento no poder enviarte a Queca para que acompañe a Nieves15 y te distraiga un poco, y te hable de cualquier cosa menos de la enfermedad. La cuerda no puede estar siempre tirante y dando la misma nota. Hay que volver la atención a otras cosas.

Espero que tus nietos (que me dicen que son tan ricos) te distraigan y te hagan olvidar de todo. Los nietos son un remedio. Dios les ha dado una actividad tan maravillosa y nosotros los queremos tanto que nos ponen ‘fuera de nuestra edad’. Aquí las chicas de Nora16 nos rejuvenecen de tal modo que cuando se van yo quedo ‘de cama’. Pero ¡vivan los nietos! (Aún si son postizos como las mías)…

Cariños a Nieves. Para ti un abrazo de este hermano que te quiere y de ‘la Queca17’.

Dimas

1 Una delicada operación de obstrucción de un uréter por cálculo renal

2 Posiblemente por problemas laborales

3 Es la Hermana María del Carmen a quien Dimas llamaba ‘Nena’.

4 Nieves Urruela, esposa de su hermano Pedro

5 Hijo de su hermano Pedro, Alejandro Antuña Urruela, casado con Mariel Alayón. Los hijos de Alejandro, por orden de edad fueron: María del Rosario, Pedro, Beatriz, Gervasio, Carolina

6 Negrita, el apodo de la sobrina de Dimas llamada Silvia, hija de Pedro.

7 Hermano menor de Pedro, Mario Antuña Gadea, casado con Vanda Arismendi y padre de Mirtha y Mario (h)

8 Carlos Algorta casado con la hija de Mouriño, dueño del campo que administraba Pedro

9 Elisa Antuña, era medi hermana de Dimas, hija del primer matrimonio de su padre del que nacieron Elisa y Eva.

10 Rosa Gadea fallecida antes de 1921

11 Tía de Rosa Gadea

12 Máxima, una criada de Mamá Tubá

13 Los hijos de Pedro eran Alejandro y Silvia. Los hijos de Mario casado con Vanda Arismendi Carrasco, eran Mirta y Marito.

14 María del Carmen, la hermana de Dimas y Pedro, a quien Dimas llamaba Nena.

15 Nieves Urruela, esposa de Pedro, cuñada de Dimas

16 Las hijas de Nora Valla López de Bausero, hermana de Queca: Norita, Margot y María Noel Bausero Valla. Las hijas de Nora tenian en 1963 la edad de doce, ocho y cuatro años respectivamente. Eran como nietas para Dimas y su esposa Angélica.

17 Queca: Angélica Valla López, la esposa de Dimas Antuña, cuñada de Nieves Urruela, y hermana mayor de Nora Valla López de Bausero que se crió con Dimas y su esposa.

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